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Fragmentos

Por: Sidelsi Suárez Fundora

 

      Héctor pensó que ese día sería un día normal, rutinario y desprovisto de algo nuevo que lo motivara a alegrarse y sentirse feliz. Salió temprano hacia la escuela, más temprano que lo usual, quizás con la esperanza de que algo fuera diferente. La clase de matemática iba a comenzar cuando recordó que había olvidado el cuaderno de tareas en su cuarto, todo por el maldito apuro. Corriendo regresó a su casa pero al observar la puerta entreabierta tuvo un mal presentimiento y aceleró el paso. Al traspasar el umbral de la puerta vio como todos yacían en el piso de la sala cubiertos de sangre. El joven ahogó el grito de terror y se acercó a su madre para corroborar lo que presentía, muerta, al igual que su padre y su hermanita pequeña. Mientras lloraba y se sumía en el más profundo sufrimiento sintió como un frío acero traspasaba su abdomen. Aún consciente vio como brotaban de sus entrañas la sangre como si de una tubería rota se tratara. Apenas sosteniéndose logró mirar alrededor hasta que incrédulo reconoció al atacante, que también lo observaba con una sonrisa complaciente mientras sostenía el arma asesina en su mano. Con sus últimas fuerzas golpeó el espejo haciéndolo pedazos, y mientras miraba los fragmentos de su reflejo murió junto al asesino.

 

 

 

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El Secreto

secreto

Nadie conocía el nombre del Secreto, cuando le preguntaban como se llamaba siempre tenía una justificación para no decirlo, cambiar el tema y continuar con su vida introvertida y poco sociable. Cierto día la Mentira comenzó a difamar de su compañero contándole al Rumor que el nombre del Secreto  era uno muy desagradable. El Rumor por su parte se dedicó a propagar aquella calumnia. Cuando la Verdad supo lo que sucedía con su amigo salió en su defensa revelándole a  todos su verdadero nombre; pero el Secreto no agradeció aquel gesto, todo lo contrario, estaba más molesto que cuando lo estaban difamando. Fue entonces que decidió cambiarse el nombre y modificar su apariencia. Esta vez tomó muchas medidas de seguridad para que nadie supiera quien era, tantas que en poco tiempo el mismo lo olvidó. Murió solo, no mucho tiempo después de haber perdido la razón, sin ser reconocido por su antiguo amigo y lamentando que su nuevo rostro fuera tan semejante al de quien lo calumnió.

Autor: Sidelsi Suárez Fundora

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Cuarta dimensión

tiempo

-Soy el tiempo- dijo el segundo antes de conocer al minuto, que también quiso imponer su hegemonía hasta que llegaron la hora y el día. Estos últimos más modestos sabían que la semana, el mes y el año los superaban. Pero cuando apareció el siglo, tan anciano y sabio, todos se sintieron pequeños. El centenario solo les dijo, – no se sientan inferiores porque nadie más se burlará de ustedes, incluyendo al milenio y la era que faltan por llegar. El tiempo somos todos y a la vez ninguno. Somos solo una idea en la mente de alguien que nos da mucha importancia y no nos sabe aprovechar.

Autor: Sidelsi Suárez Fundora

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El Oráculo

¿Cuántas veces he deseado dejar de existir? Simplemente eso,  desintegrarme en millones de partículas y circular por el flujo del Universo. Transmutarme en mucho de nada, en poco de todo y prolongarme como materia inconsciente.  Elena mi amor; existir es solo un castigo si lo has perdido todo.

 Cuando la vieron llegar nadie supo que hacer, bajó del espacio y permaneció flotando sobre el campanario del Templo Central. Era una esfera luminosa, radiante como el mismo sol a pequeña escala. ¿Que era? ¿De donde vino? Todos tenían preguntas pero nadie podía  contestarlas.

 Tardó mucho tiempo a los científicos idear un experimento que diera resultado. Contuvieron a la esfera en una cápsula de titanio y mediante implantes biónicos la conectaron a un hombre .Todos se sorprendieron al observar las extrañas cualidades del híbrido.

Planeamos ir de vacaciones a casa de tus padres cerca de las montañas. Hermosa vista, aire puro y azahares  perfumando la pradera. El paraíso prometido estaba solo a unas horas de vuelo. ¿Acaso para ser feliz se necesita más que esto? Ahora conozco la respuesta. Ahora lo se todo.

El Oráculo, así fue como lo nombraron; un ser omnisapiente capaz de responder cualquier pregunta. Los más pesimistas pronosticaron un gran mal; creían que la humanidad  no estaba lista para tanto conocimiento, que la sabiduría se debe adquirir de forma gradual y progresiva o de lo contrario el desorden y el caos reinarían por todos lados.¿Tal vez tenían razón? Pero los acontecimientos no sucedieron según sus predicciones; una era de gran desarrollo estaba por comenzar.  

 De aquel día solo tengo vagos recuerdos. Todavía escucho tu risa  al oír en la radio el tema de nuestra boda. Aquella canción que te gustaba y que tanto me costo aprender a bailar.- I love you so much love- cantábamos entre carcajadas, de repente, ruido, impacto, cristales rotos. Un dolor terrible recorriendo mi espalda y un zumbido ensordecedor en mis oídos. Después, nada.

Tiempo más tarde en el hospital comprendí lo que había ocurrido. Un aereotransporter fuera de curso arremetió contra nuestro pequeño deslizador.

Al saber de tu muerte quise haber muerto también. No deseaba vivir sin tu presencia. Mas las desgracias no vienen solas, se acompañan una de la otra. Esperabas un hijo. Ese hijo que tanto buscamos  y que el destino nos prestaba por unos segundos. Quise morir, hundirme y desaparecer; no podía concebir tanto dolor.

Con los días el dolor se fue transformando en odio. El me dio fuerzas para vivir más y así poder arrancarle a la vida la respuesta que necesitaba.

Miles de personas se congregaron para verlo, todos querían saber. Por lo que fue necesario dictar una resolución para organizar las consultas. Los investigadores y científicos tenían prioridad, pues el desarrollo futuro de la humanidad se encontraba en sus manos.

 Sin embargo quedó un espacio para aquellos que necesitaban hacer otras preguntas, relacionadas con  acontecimientos en su vida que no comprendían.

 El proceso no era sencillo pues había que llenar una solicitud aclarando las razones por las que se quería consultar el Oráculo. Luego una comisión revisaba las solicitudes y otorgaba un orden de prioridades. Cuando les llegaba el turno podían hacer solo una pregunta. Resultaba interesante que aquellas  no  relacionadas directamente con la ciencia eran más difíciles de responder. En ocasiones el Oráculo divagaba tanto con aclaraciones ambiguas que los consultantes no comprendían nada.

 Algunas personas esperaron años para ser atendidos y al encontrarse cara a cara con aquel ser divino no sabían que preguntar. Quizás porque la apariencia del híbrido era impresionante, tanto como para enmudecer a cualquiera.

  La esfera cósmica se hallaba entronizada sobre un trípode dorado al final de un largo salón, por el que se transitaba casi de forma solemne y donde solo se escuchaban los pasos. De la cápsula que la contenía brotaban como tentáculos los conectores biónicos, terminando enchufados en la cabeza, espalda y extremidades del hombre. Este se hallaba rodeado por un halo que lo protegía del envejecimiento, renovando sus células. Era joven, como de treinta años; su piel tenía una apariencia metálica y sus ojos miraban fijos hacia el infinito. La esfera le otorgó la inmortalidad, en la que no necesitaba comer, dormir o respirar y todo a cambio de su voz.  

Recorrí el mundo entero para buscar la verdad. Visité  todo tipo de personas: psicólogos, parapsicólogos, gurus y espiritistas. Todos daban una explicación pero ninguna me llenaba. Consulté libros, revistas, bases  de datos y todos decían algo similar: los accidentes ocurren de manera aleatoria y  aunque se pueden disminuir los factores de riesgo no podemos controlar su aparición.

Aquello no era suficiente para mí, estaba convencido de que  existía una causa profunda y oscura más allá de nuestro entendimiento.

Casi vencido y sin esperanza de hallar una respuesta vi un anuncio en la televisión donde solicitaban voluntarios para nuevos experimentos con la esfera cósmica. Sin mucho que perder y considerando las expectativas de los científicos,  fui al Centro Global de Investigaciones donde me hicieron infinitas pruebas. Dijeron que cumplía los requisitos pero lo que querían hacer era muy riesgoso  y necesitaban mi  consentimiento. Sin ningún reparo acepté. Injertaron en mi cuerpo implantes de neurotransmisión por donde me conectaron a la esfera. Desde aquel día estoy aquí, preso por la eternidad de mi mismo. Teniendo todas las respuestas y sin poder hacer nada.

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Maltrato

– Soy un punto – dijo la coma y comenzó a llorar; mientras recordaba como aquel diminuto círculo negro saltaba sobre ella y se burlaba durante la oración.

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Cuba por Siempre

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Soy profesor universitario en Cuba y así veo este mundo nuestro

Cuba profunda

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